El sistema tradicional de enseñanza en nuestras escuelas encarna en el aula la figura del profesor que domina la materia y habla sobre ella, y el grupo de los alumnos que escuchan sentados y deben aprenderla.

La dinámica de aprendizaje se basa en evitar cometer errores: “Los niños dejan de ser curiosos por el miedo a cometer errores, y como consecuencia de eso, también dejan de ser creativos. En mis clases suelo preguntar a mis alumnos cuántos de ellos decidieron a los diez años que no se les daba bien cantar, o que no eran muy buenos en dibujo. La gran mayoría levanta la mano. Entre los cinco y los diez años se internalizan esos miedos a no dar la talla y los chicos simplemente dejan de hacerlo” (Peter Senge)

Pero el profesor del MIT Peter Senge, de 69 años, tiene otra visión y experiencia sobre cómo debe ser el funcionamiento de una clase.

La base es crear un entorno en el que todos aprendan: profesores, alumnos y padres. Las clases sirven para enseñar las bases entendiendo el porqué de las cosas, y para plantear problemas reales a los alumnos, que se encuentran más motivados por resolverlos para ayudar a su comunidad, incluso desde edades tempranas. El profesor actúa como un facilitador que conoce la metodología de aprendizaje, y los alumnos trabajan en grupos reducidos para conseguir soluciones.

Un buen profesor crea el entorno propicio para que los alumnos aprendan y desarrollen sus capacidades de forma constante. Y así puedan crecer e integrarse en el mundo diverso y altamente cambiante de nuestro s. XXI.

¡La expectación vuelve a tu buzón!

Fuente: entrevista de Ana Torres a Peter Senge en Internet