Descubierta en el s. XIX por sir Francis Galton (primo segundo de Darwin) y desarrollada magistralmente por el premio Nobel de Economía Daniel Kahneman.

Se produce cuando medimos dos valores de una variable: si el primer valor está muy alejado de la media, el segundo tenderá a estar más cerca de la media; y si medimos el segundo valor y está muy alejado de la media, es que el primero habría estado más cerca de la media.

Esto se puede explicar con la ecuación siguiente: éxito = talento + suerte, donde la suerte juega el papel de la probabilidad y hace que el éxito tienda a la media.

Por ejemplo, si un niño actúa excepcionalmente bien en la obra de teatro un día, lo probable será que al día siguiente actúe peor, tendiendo a la actuación media. Nuestra mente intentará encontrar una relación causal entre el día 1 y su gran actuación, y el día 2 y su peor actuación diciendo que se puso nervioso y por eso actuó peor, cuando en realidad no hay relación causal entre día 1 actuó excepcionalmente bien y día 2 actuación mediocre.

Si lo vemos desde otro punto de vista, tenemos un grupo de niños con depresión y se les administra un refresco revitalizante durante varios días; al cabo de esos días se ve que los niños dejan de estar deprimidos y están en un estado de humor normal. Nuestra mente pensaría (y así lo utiliza el marketing): hay una relación causal entre el refresco que les doy y su mejora de humor; por eso, voy a comprar el refresco. Pero en realidad, como partimos de un grupo profundamente deprimido, la mejora de humor habría ocurrido en cualquier caso por la tendencia natural a estar de un humor normal, les hubiéramos dado el refresco cada día, o que abrazaran a un perrito o que bebieran agua cada día, pues la tendencia a la media dice que al cabo de unos días unos niños profundamente deprimidos estarán de un humor normal. Es decir, no hay realmente un efecto causal entre darles un refresco y que mejoren su humor, aunque lo parezca.

“Nuestra mente humana se halla fuertemente predispuesta a las explicaciones causales y no se lleva bien con la mera estadística” (D. Kahneman)

¡La expectación vuelve a tu buzón!

 

Fuente: Daniel Kahneman, Pensar rápido, pensar despacio.